La duración prolongada de las galas de premios se debe a la entrega de numerosos galardones, lo que inevitablemente las vuelve extensas. Tras 40 años de experiencia, los organizadores han aprendido qué elementos funcionan, cuáles no, y aquellos que, pese a su ineficacia, deben ser incluidos en la emisión. Esta acumulación de conocimiento ha permitido ajustar el evento para mantener el interés del público, aunque ciertas tradiciones o prácticas necesariamente se mantengan por motivos que van más allá de la eficiencia del espectáculo.
Leer noticia completa en El Mundo.


