La manifestación en Lyon por Quentin Deranque, miembro de un colectivo de extrema derecha fallecido tras un altercado con militantes de extrema izquierda, se desarrolló en calma relativa bajo un fuerte dispositivo policial que evitó enfrentamientos físicos pero no verbales, con incidentes de saludos nazis e insultos racistas. La movilización congregó a 3.200 personas, más de las esperadas por el gobierno. A pesar de prohibiciones, se reportaron expresiones políticas indebidas, lo cual ha sido denunciado a la Fiscalía. La familia de Deranque se ausentó para prevenir violencia, y Jordan Bardella del Reagrupamiento Nacional desalentó la asistencia de sus militantes. El alcalde de Lyon, Grégory Doucet, instó a no autorizar el evento, preocupaciones a las que el ministro del Interior hizo caso omiso, aunque reforzó la seguridad. La manifestación ocurre en un momento de gran polarización en Francia, lo que ha llevado al presidente Emmanuel Macron a condenar la violencia y prometer una revisión de grupos radicales en el país.
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