Una persona que baja la mirada durante una conversación no necesariamente refleja inseguridad o falta de autoestima, según la psicología. Aunque comúnmente se interpreta como una señal de vergüenza o incomodidad, el desvío visual puede ser una estrategia para manejar la tensión social. Este comportamiento puede estar relacionado con la necesidad de pensar antes de responder o encontrar palabras adecuadas, y no siempre implica poca confianza. Investigadores como Michael Argyle, Mark Cook y Adam Kendon han destacado que los movimientos oculares pueden tener distintos significados según el contexto, y que el contacto visual prolongado no siempre es cómodo o apropiado. Por lo tanto, es erróneo identificar estos gestos únicamente como indicadores de baja autoestima o deshonestidad sin considerar el entorno y las circunstancias.
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