Moscú fue escenario de un ataque masivo con drones ucranianos, descrito por el alcalde Serguéi Sibianine como el «mayor ataque» desde el inicio del conflicto. Las defensas rusas derribaron entre 186 y 249 drones, dependiendo de las fuentes. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, confirmó que los drones apuntaron a la refinería petrolera de Moscú, considerado un objetivo estratégico para debilitar la industria de hidrocarburos rusa. El ataque dejó dos muertos y varias personas heridas, aunque las autoridades rusas niegan daños significativos en la refinería. La ofensiva ha generado preocupación por su impacto en las elecciones rusas y una escasez de diésel que afecta a varios países, incluida la reciente apelación no correspondida de Donald Trump a Zelenski para evitar atacar infraestructuras de combustible.
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