La mutilación genital femenina (MGF) es una violación a los derechos humanos que persiste inquietantemente en muchas partes del mundo, afectando a millones de niñas y mujeres. Con más de 230 millones de personas sometidas a esta práctica, las secuelas físicas y emocionales se sienten con intensidad, especialmente en regiones como Mara en la República Unida de Tanzania, donde la MGF ha sido considerada un rito inevitabilista.
Olivia Albert, una sobreviviente de este procedimiento brutal, ha emergido como una voz poderosa en el movimiento contra la MGF. Olivia participa activamente en diálogos comunitarios, compartiendo su experiencia personal, lo que ha impulsado un cambio significativo en la percepción de este ritual. Su ejemplo ha inspirado la creación de un grupo de defensa juvenil. «Cuando las niñas escuchan a alguien que ha vivido esta experiencia, prestan atención de otra manera», comenta Olivia, quien se ha convertido en un símbolo de esperanza para su comunidad. Su misión es clara: construir un futuro donde las generaciones venideras puedan crecer sin temor.
El Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, celebrado cada 6 de febrero, pone en el foco la urgencia de desmontar los mitos y creencias culturales que perpetúan esta práctica. Figuras religiosas, como el imán Ousmane Yabara Camara de Guinea, han comenzado a desmentir la falsa asociación entre la MGF y el islam, señalando que no hay base religiosa para la ablación y abogando por la inclusión de esta aclaración en la educación.
En varios países africanos, las barreras legales que alguna vez protegieron esta tradición están siendo derribadas. En Yibuti, Eritrea y Somalia, fetuas emitidas por eruditos islámicos han aclarado que no existen justificaciones religiosas para la práctica, marcando un punto crucial en su erradicación. Los activistas han encontrado que la combinación de legislación moderna y claridad religiosa está exponiendo las falacias que durante tanto tiempo han sostenido esta costumbre.
La inclusión de hombres y niños en la lucha contra la MGF es otra táctica esencial. En Etiopía, un programa conjunto de la UNFPA y UNICEF está involucrando a toda la comunidad en esta misión, organizando sesiones de discusión que no solo educan sobre los riesgos sino que también desmitifican la MGF, especialmente cuando es llevada a cabo por personal sanitario sin justificación médica.
A medida que este movimiento gana ímpetu, queda claro que la colaboración entre mujeres, hombres y líderes comunitarios es vital para desterrar la mutilación genital femenina. Solo con un esfuerzo colectivo se puede asegurar que las niñas del mañana vivan con dignidad y sin miedo.








