En un sorprendente giro evolutivo, sepias y calamares lograron sobrevivir a la extinción masiva del Cretácico que acabó con los dinosaurios, adaptándose de manera extraordinaria al entorno cambiante. Estas criaturas marinas, al abandonar sus pesadas conchas externas, desarrollaron estructuras más ligeras que facilitaron su movilidad y les permitieron refugiarse en las profundidades del océano, lejos de la devastación en la superficie. Estudios recientes identifican que la agilidad extrema, un sistema de camuflaje avanzado y una notable estructura ocular, surgidos a partir de cambios anatómicos, les confirieron una ventaja evolutiva única. A diferencia del nautilo, otro cefalópodo que sobrevivió mediante su caparazón, la adaptabilidad de calamares y sepias les permitió adquirir complejidad cognitiva y habilidades de depredación que continúan hoy. Estos hallazgos no solo enriquecen el conocimiento sobre la evolución marina, sino que también ofrecen perspectivas sobre cómo las especies pueden adaptarse a crisis biológicas globales.
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