Nuevo estudio revela que la aversión a los abrazos indica una mayor sensibilidad sensorial

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El rechazo o incomodidad ante el contacto físico, como los abrazos, no necesariamente está relacionado con una falta de afecto o una actitud antipática, sino que puede deberse a una mayor sensibilidad a los estímulos físicos y a experiencias en la infancia, según la psicología. Factores como un estilo de apego evitativo, que fomenta la autonomía y el mantenimiento de un espacio personal, son comunes en quienes evitan el contacto físico. Estos comportamientos pueden estar influidos por la crianza y las primeras experiencias afectivas: personas criadas con poco contacto físico tienden a establecer límites personales más estrictos. Así, aunque los abrazos son vistos como gestos de cariño, cada individuo establece su relación con el contacto físico según su historia y vivencias personales, las cuales son decisivas en la construcción de su forma de relacionarse con los demás.

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