NVIDIA ha concluido un capítulo significativo en su trayectoria financiera al vender su última participación en Arm Holdings, precisando así su posición en la compañía a cero. Según documentos regulatorios, la transacción, que involucró 1,1 millones de acciones valoradas en aproximadamente 140 millones de dólares, se completó durante el cuarto trimestre de 2025. Este movimiento va más allá de lo contable y se presenta en un momento crítico para la industria tecnológica que afronta la evolución de la inteligencia artificial (IA) agéntica.
La IA agéntica redefine el papel central de la CPU, dada su capacidad para gestionar múltiples tareas como llamadas a herramientas y APIs, consulta de memoria y coordinación de flujos de trabajo completos. A pesar de la preeminencia de las GPU en el procesamiento de tareas intensivas, en este nuevo entorno tecnológico la CPU retoma protagonismo por su capacidad de orquestación y manejo eficiente de la latencia.
Remontándonos a los antecedentes, NVIDIA intentó adquirir Arm en 2020 por un valor de 40.000 millones de dólares. Sin embargo, la operación fue anulada en 2022 debido a presiones regulatorias. Desde entonces, Arm continuó su camino en los mercados financieros mientras NVIDIA mantenía una participación minoritaria que ahora queda completamente liquidada.
Oficialmente, la venta se enmarca como una optimización de cartera, liberando capital y simplificando exposiciones. No obstante, también inyecta interrogantes en el debate sobre cuál arquitectura de CPU es más adecuada para cuando la IA evoluciona más allá del entrenamiento hacia la producción y la gestión de millones de microtareas por segundo.
Durante años, Arm ha sido sinónimo de eficiencia y escalabilidad, valores que NVIDIA ha adoptado en sus diseños para centros de datos y supercomputación. No obstante, con la llegada de la era agéntica surgen nuevos desafíos técnicos. Los escenarios de agentes requieren picos de rendimiento por hilo y tiempos de respuesta rápidos, lo cual pone en primer plano la compatibilidad con sistemas x86 que dominan los entornos empresariales.
La eficiencia de las CPUs en el manejo de tareas como colas, entrada/salida de datos, y coordinación en la red subraya su importancia creciente. En este contexto, NVIDIA se enfrenta al desafío de integrar sus soluciones propietarias basadas en CPU Arm con la infraestructura establecida x86, especialmente en asociaciones estratégicas como la que mantiene con Intel.
De cara al futuro, la plataforma Vera Rubin, que incorpora un diseño propio de CPU basado en Arm, reafirma el compromiso de NVIDIA con esta arquitectura para aplicaciones a gran escala de IA. Sin embargo, la realidad del mercado indica una posible convergencia hacia plataformas más heterogéneas, donde racks combinan aceleradores, redes de alta velocidad y CPUs tanto x86 como Arm, adaptándose a las necesidades específicas del cliente y del software.
Para los administradores de sistemas y desarrolladores, la venta de acciones de Arm por parte de NVIDIA sugiere decisiones críticas sobre planificación de plataformas, compatibilidad tecnológica y arquitecturas híbridas. La IA agéntica está desplazando considerablemente el centro de gravedad del costo operativo, haciendo evidente que no solo importa la eficiencia en el entrenamiento, sino también en el despliegue y servicio de las soluciones de IA.
Este desenlace en la relación accionarial de NVIDIA con Arm no es una sentencia definitiva para ninguna arquitectura. Más bien evidencia que la competencia en el ámbito de la IA se extiende más allá de las GPU, revalorizando a la CPU como un componente esencial en la estrategia tecnológica del futuro cercano.








