El sector de la Inteligencia Artificial ha estado dominado por cifras astronómicas y matices reveladores. Una de las alianzas más llamativas es la de NVIDIA y OpenAI, anunciada para 2025. Este acuerdo, que habla de un compromiso de hasta 100,000 millones de dólares para el suministro de capacidad de cómputo “multigigavatio”, ha capturado la atención pública y los análisis críticos debido a su falta de concreción y cierto escepticismo proveniente del proveedor de hardware.
La magnitud de este acuerdo no solo radica en la dimensión monetaria, sino también en el tipo de infraestructura prometida: capacidad eléctrica a escala de red. Estamos hablando de una infraestructura que deja de parecer informática para empezar a asimilarse a la industria energética o la construcción pesada.
El anuncio se hizo en septiembre de 2025, donde ambas empresas destacaron su intención de desarrollar al menos 10 gigavatios de centros de datos de IA con los sistemas de NVIDIA. El primer gigavatio se espera para la segunda mitad de 2026, utilizando la plataforma NVIDIA Vera Rubin. La inversión prometida por NVIDIA es progresiva, ligada a cada gigavatio desplegado, hasta formar una cifra monumental de 100,000 millones de dólares.
Este diseño por etapas parece un mecanismo inteligente para gestionar el riesgo, ya que la inversión está vinculada a hitos físicos. Sin embargo, el verdadero desafío parece ser cerrar esta cadena de acuerdos relacionados con financiación y despliegue sin contratiempos en un sector que cambia rápidamente.
Según un artículo de The Wall Street Journal, este ambicioso acuerdo está en «hielo», avanzando con menos rapidez de la esperada. Las reticencias dentro de NVIDIA respecto a ciertos aspectos del acuerdo han llevado a una pausa y a un progreso más limitado del previsto. Además, se reveló que el memorando de entendimiento entre las partes es no vinculante, un detalle crucial que diferencia entre intención y un contrato.
Jensen Huang, CEO de NVIDIA, respondió públicamente a estas dudas, calificándolas de “disparate” y reafirmando el compromiso con OpenAI. Resaltó que la inversión contemplada es probablemente la mayor en la historia de NVIDIA aunque aclaró que no superará los 100,000 millones de dólares.
Es típico en Silicon Valley que un acuerdo esté pausado contractualemente, pero esto no implica necesariamente la ruptura de la relación comercial. NVIDIA podría seguir siendo un proveedor preferente mientras se renegocian aspectos financieros o de calendario.
El sector enfrenta un dilema entre la capacidad tecnológica y la necesidad de monetización. Entrenar modelos de IA avanzados exige una infraestructura semejante a la de una ciudad en términos energéticos. Al mismo tiempo, se deben mantener márgenes y precios competitivos en un entorno donde los rivales presionan.
Un indicio claro de esta presión es el paso de OpenAI hacia la introducción de publicidad en ChatGPT. Aunque aún no se han implementado anuncios, el anuncio revela el énfasis en encontrar nuevas fuentes de ingresos para mantener la oferta de servicios.
Considerando todo esto, el desenlace más factible parece ser una recalibración de la alianza más que una ruptura total. El modelo modular del acuerdo inicial ofrece flexibilidad para reajustar objetivos sin deshacer la colaboración estratégica. La discusión en la industria ha evolucionado de la disponibilidad de GPU a la capacidad de financiar y capitalizar grandes proyectos de IA. En este contexto, las promesas grandilocuentes se sustentan cada vez más en la solidez financiera y el cumplimiento contractual.








