La desaparición del piloto israelí Ron Arad en 1986 ha mantenido a Israel en una búsqueda incesante que ha adquirido tintes casi míticos a lo largo de las décadas. A pesar de los años transcurridos, el país nunca ha abandonado los esfuerzos por localizar sus restos, alimentando un sentimiento colectivo de esperanza y deber nacional. La historia de Arad ha quedado grabada en el imaginario israelí, simbolizando un compromiso duradero con quienes han sido capturados o se encuentran desaparecidos en escenarios de conflicto. La búsqueda representa no solo un acto de recuperación, sino también una cuestión de honor y resolución para una nación que se niega a olvidar a sus soldados caídos.
Leer noticia completa en El Mundo.



