La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil desplegó una extensa operación de vigilancia en Hornachos, Badajoz, que incluyó la instalación de 20 micrófonos en diversas partes del pueblo, como viviendas, bares, aparcamientos y el cementerio, para captar las conversaciones de los principales sospechosos del asesinato de Francisca Cadenas. Ante la falta de resultados al intervenir sus teléfonos, los investigadores intensificaron la estrategia mediante una «guerra psicológica», incluyendo falsos anónimos y actos de presión, que llevó a los hermanos Julián y Manuel a discutir el crimen en privado. Sin embargo, sus conversaciones fueron grabadas, permitiendo a la Guardia Civil obtener detalles cruciales sobre el caso. Aunque los hermanos no revelaron el lugar exacto donde ocultaron los restos de la víctima, las grabaciones y la confesión parcial de Julián tras el hallazgo de los restos en su casa llevaron a ambos a ser encarcelados de forma provisional bajo acusación de homicidio.
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