En plena campaña electoral en Hungría, el primer ministro Viktor Orbán, conocido por su cercanía a Vladimir Putin, intensifica su ofensiva política contra Ucrania al anunciar una reducción progresiva del suministro de gas a este país, utilizando como pretexto la rotura del oleoducto Druzhba. Además, ha bloqueado una crucial ayuda económica a Ucrania en el seno de la Unión Europea, rompiendo con ello un compromiso previo. Este movimiento, que califica de estratégico para proteger los intereses de Hungría, ha sido visto como una táctica electoral para desviar la atención de sus problemas internos y la mala gestión económica, exacerbados por los intentos fallidos por culpar a Kiev y la UE de la inflación. En paralelo, el llamado ‘Rusiagate’ afecta al ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjárto, acusado de compartir información sensible de la UE con Rusia, lo que complica la relación de Budapest con Bruselas. En las anticipadas elecciones del 12 de abril, Orbán apuesta por crear un enemigo externo mientras las encuestas favorecen a su rival, Péter Magyar.
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