Pajarear en Mayo en el Parque Nacional Sierra de las Nieves

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Topoguía GR 243. Sierra de las Nieves. Pagina 20. Quejigo de montaña y joven pinsapo en la meseta de Quejigales

Adentrarse en la Sierra de las Nieves en primavera significa sumergirse en un entorno vibrante de vida. Desde el área recreativa de Los Quejigales, la ruta hacia el Puerto de los Pilones ofrece un viaje a través de un paisaje diverso, donde el color verde de los pinares destaca antes de dar paso a la frescura de los pinsapares. A medida que ascendemos, el aire se vuelve más puro y las vistas se expanden sobre las majestuosas cumbres. Mayo es un mes particularmente gratificante; el canto de las aves resuena en el aire y la floración de los piornos, jacintos y majuelos pinta las laderas con sus colores vibrantes.

Este recorrido no solo es un deleite visual, sino también sonoro. En las zonas más bajas, donde predominan los pinares y el matorral, especies como el trepador azul, la curruca carrasqueña occidental y el pinzón vulgar nos acompañan con su presencia. Al adentrarnos en los bosques, la atmósfera se vuelve más fresca y densa, hogar del herrerillo capuchino, el pico picapinos y el reyezuelo listado. A medida que ganamos altitud, el paisaje se convierte en un hábitat para aves adaptadas a zonas más abiertas, como el escribano montesino, la collalba gris y el roquero solitario.

Las montañas de la Sierra de las Nieves funcionan como islas climáticas, donde la altitud permite la sobrevivencia de comunidades vegetales inusuales, como los pinsapares, que son vestigios de épocas más frías. Estos árboles, relictos milenarios, resguardan una fauna especial que en otros puntos de la península ibérica solo se encuentra a mayores altitudes o más al norte. Además del pinsapo, los espacios abiertos y los pastizales de las cumbres son ecosistemas donde habitan aves intrigantes. Los roquedos y cortados calizos sirven como hábitat para aves rupícolas como el colirrojo tizón y el avión roquero, junto a rapaces como el buitre leonado y el águila real.

Al llegar al Puerto de los Pilones, la recompensa es monumental: panorámicas impresionantes hacia el Torrecilla y sierras inmediatas. Este punto culminante de la ruta es también el hogar de especies de mayor altitud, como el bisbita campestre y el roquero rojo, encapsulando la rica biodiversidad que caracteriza a la Sierra de las Nieves.

El área de Los Quejigales es accesible mediante el navegador, solo es necesario introducir «Área Recreativa Quejigales» para llegar y estacionar adecuadamente. Aunque mayo es un mes espléndido para la excursión, es importante tener presente que el clima en la montaña puede variar rápidamente. Prepararse para diferentes condiciones es esencial, lo que incluye revisar pronósticos meteorológicos.

La ruta es físicamente exigente, con pendientes pronunciadas y terreno irregular, lo que hace necesario portar calzado adecuado y resistente. En las secciones más elevadas, la exposición al sol y el viento puede ser considerable; por lo tanto, se recomienda llevar protección solar, gorra y suficiente agua para el viaje. Para maximizar la experiencia, es beneficioso caminar con calma, disfrutar del silencio y realizar pausas frecuentes para escuchar los cantos de los pájaros, especialmente en las primeras horas del día, cuando son más activos.

Es importante considerar que Los Quejigales es un destino popular entre senderistas. Para aquellos que buscan tranquilidad, es aconsejable optar por horarios tempranos en la mañana o, alternativamente, los últimos momentos de la tarde, períodos que ofrecen una belleza particular y una mejor oportunidad para observar la variada avifauna.

La ruta de Los Quejigales es emblemática dentro del Parque Nacional Sierra de las Nieves, especialmente en mayo, cuando el bosque canta con la vida aviar. El área abierta del aparcamiento, circunscrita por la copa de los pinos resineros, es el lugar propicio para observar el canto del colirrojo real, que anida en huecos de árboles y se alimenta de los matorrales cercanos.

El camino comienza entre pinares resineros, donde el pinzón vulgar se hace presente desde el inicio. Siguiendo el arroyo de Quejigales y cruzando una cadena que limita el acceso a vehículos no autorizados, llegamos a un puente donde la cañada del Cuerno empieza a revelar su esplendor. El ascenso se torna más empinado al cruzar el arroyo, y el bosque se vuelve más denso. En esta parte del recorrido, el sotobosque alberga majuelos y escaramujos, donde el mosquitero ibérico y la curruca carrasqueña conviven en armonía.

A medida que se avanza, el paisaje se despeja, y llegamos a la base de las paredes calizas del macizo de Quejigales. Aquí, los arbustos de gran porte se mezclan con bellos sonidos de la curruca mirlona y chochín paleártico. La atención al cielo es crucial, donde se pueden avistar rapaces como el águila calzada o los buitres leonados.

Pronto, el majestuoso pinsapar nos envuelve, creando un microclima habitado por diversas aves adaptadas a esta singular flora. Desde el agateador europeo hasta el gavilán, la comunidad aviar es impresionante. Tras un ascenso arduo, alcanzamos la zona abierta donde el piornal revela la presencia del colirrojo tizón y el roquero solitario, junto a figuras como el bisbita campestre, que convive con la alondra totovía.

Finalmente, descendiendo por un camino de ancho carril, nos rodean los promontorios rocosos que son refugio del roquero rojo y el gorrión chillón. Cruzamos el pinsapar nuevamente antes de llegar al aparcamiento, cerrando así un círculo en una de las áreas más peculiares y biodiversas de la geografía malagueña. Es fundamental proteger esta comunidad aviar única que llama hogar a la Sierra de las Nieves.

Fuente: Diputación de Málaga.

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