El expresidente panameño Ricardo Martinelli, condenado a 10 años de prisión por corrupción y lavado de dinero, ha sido autorizado a abandonar la Embajada de Nicaragua en Panamá, donde se había refugiado por un año, tras recibir asilo político del régimen de Daniel Ortega. La decisión fue respaldada por el actual presidente panameño, José Raúl Mulino, quien había accedido al poder tras la inhabilitación de Martinelli debido a sus cargos legales. La medida ha generado indignación entre los políticos y la sociedad civil, quienes la ven como un pacto de impunidad. Martinelli, quien ha sido un controvertido figura en la política panameña, enfrenta múltiples procesos judiciales y es recordado por un mandato lleno de escándalos de corrupción. Aunque su exilio figura como una opción humanitaria, el expresidente insiste en ser víctima de persecución política, mientras que figuras como Lina Vega de Transparencia Internacional y otros líderes consideran que debería cumplir su condena en prisión.
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