Un matrimonio mallorquín enfrenta una amarga disputa con el fotógrafo de su boda, quien se niega a entregar las imágenes capturadas durante el enlace al no aceptar Sandra de Jaume realizar los retratos acordados en un estilo más abstracto, debido a su cambio artístico. Ante la falta de resolución, y tras ofrecer una compensación económica sin éxito, el fotógrafo ahora exige 4.000 euros por las fotos sin editar. Sin recuerdos oficiales de su boda, la pareja recurre a los invitados para obtener imágenes. La situación ha escalado, con acusaciones de acoso y amenazas por parte del fotógrafo, llevando a la pareja a denunciarle ante la Guardia Civil, tras hallar pastillas venenosas en su jardín.
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