El petrolero Bella 1 se encuentra en medio de un tenso enfrentamiento en alta mar debido a la presión de Estados Unidos por cortar el comercio de crudo entre Venezuela y sus aliados. Tras intentar interceptarlo en el Caribe y al mar no haber acatado la tripulación las órdenes de la Guardia Costera estadounidense, la embarcación pintó una bandera rusa en su casco, buscando protección y dificultar su incautación. Esta maniobra se produce en el contexto de un endurecimiento de la política de sanciones de la administración Trump, que busca asfixiar la economía venezolana. A pesar de la persecución, que ya lleva más de una semana en curso, y de las sanciones existentes por su transporte de crudo iraní, el Bella 1 continúa navegando en dirección al Atlántico Norte con su localizador apagado. Esta situación revela no solo la complejidad de las relaciones entre Washington y Caracas, con la implicación de países como Rusia, Irán y China, sino también el creciente escenario de confrontación en el Atlántico.
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