China avanza en el desarrollo de un superordenador llamado Linghen, un proyecto innovador en el Centro Nacional de Supercomputación de Shenzhen que busca destacar en el ámbito de los superordenadores sin depender de GPUs, utilizando en su lugar 47.000 procesadores de fabricación nacional para superar los dos exaflops de rendimiento. Este enfoque, que emplea únicamente CPU de propósito general, busca posicionar a China en la liga exaescala frente a competidores como «El Capitán» de Estados Unidos. Aunque el país enfrenta el reto de coordinar múltiples componentes nacionales sin las CPU avanzadas de Intel o AMD, el éxito del proyecto demostraría la capacidad china de independencia tecnológica en un contexto de tensión por la escasez de chips.
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