¿Por Qué 600 Megas No Son 600 MB/s? Despejando la Confusión de las Unidades de Internet

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En un hogar típico, el eco de una frustración común resuena con la queja: «Internet va más lento de lo que me vendieron». Esta percepción errónea, que a menudo surge cuando alguien contrata un servicio de 300, 600 o incluso 1.000 megas, se debe en gran medida a una confusión persistente entre megabits (Mb) y megabytes (MB). Si bien ambos términos parecen similares, sus significados y usos son bastante distintos, lo que provoca el malentendido generalizado.

Al contratar un servicio de Internet, las operadoras especifican la velocidad en megabits por segundo (Mb/s). Esta es una métrica basada en bits, la unidad más pequeña de información digital. Sin embargo, los sistemas operativos de los dispositivos personales al descargar archivos suelen mostrar velocidades en megabytes por segundo (MB/s), una unidad basada en bytes, que equivale a 8 bits. Así, surgen comparaciones inexactas entre estas dos unidades distintas.

La diferencia radica en entender que 8 megabits equivalen a 1 megabyte. Por este motivo, un contrato de 100 Mb/s se traduce teóricamente en una velocidad máxima de descarga de 12,5 MB/s. Es aquí donde el enojo del consumidor se genera: la compañía promete 100 Mb/s mientras que el usuario visualiza sólo 12 MB/s, sin tener en cuenta que se están viendo unidades distintas.

Para ayudar a visualizar esta comparación, si un cliente tiene contratado 300 Mb/s, debería esperar ver descargas de aproximadamente 37,5 MB/s, bajo condiciones ideales. Sin embargo, diversos factores implican que raramente se alcance este valor teórico máximo. Elementos como cabeceras de paquetes, protocolos, retransmisiones y congestiones de red afectan el rendimiento real. Incluso un equipo con hardware limitado o conexiones Wi-Fi saturadas pueden ralentizar las descargas.

Además, las pruebas de velocidad, como los speedtests, suelen ofrecer resultados más optimistas en comparación con las descargas reales. Esto se debe a que los speedtests están optimizados para medir la capacidad máxima de la línea en condiciones controladas, a menudo utilizando servidores y rutas cercanas. Sin embargo, al descargar un archivo real, el rendimiento está sujeto a las capacidades del servidor remoto, la calidad de la ruta de red y otros factores externos que no dependen del proveedor de Internet.

Para verificar si una conexión realmente tiene problemas, se recomienda realizar pruebas usando un cable Ethernet en lugar de depender del Wi-Fi y utilizarlas en diferentes momentos del día para considerar la fluctuación en la congestión de red. Además, comparar resultados con diversas fuentes confiables puede ofrecer una imagen más precisa del rendimiento real de la conexión.

Al final, aunque el entendimiento entre megabits y megabytes evita muchas alarmas equivocadas, si todavía hay sospechas de que la conexión no rinde como debería, es preferible revisar el entorno doméstico antes de culpar al proveedor de Internet directamente.

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