El presidente Donald Trump ha intensificado su retórica autoritaria, solicitando al Partido Republicano que centralice el control de las elecciones en Estados Unidos, pretendiendo influir en los comicios legislativos de noviembre. Esta propuesta, que contravendría la Constitución que otorga a los estados la gestión electoral, ha levantado preocupaciones en Washington sobre sus intenciones. En una reciente entrevista, Trump reiteró sin pruebas que el fraude electoral está generalizado, vinculando dichas afirmaciones con una agenda antiinmigración. Asimismo, ha firmado un decreto para exigir identificaciones a los votantes y bloquear el conteo de votos por correo retrasados, aunque ha enfrentado resistencia judicial. La insistencia de Trump en lo que denomina la «gran mentira» sobre la derrota electoral de 2020 refleja un intento continuo de modificar reglas electorales, en medio de un ambiente cargado de desconfianza hacia sus alegaciones infundadas de fraude.
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