En las cárceles españolas, la alimentación diaria de cada recluso se gestiona con un presupuesto de aproximadamente cuatro euros, según explica Joaquín Leyva, portavoz de la Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias (ACAIP). Este limitado presupuesto obliga a los cocineros y encargados de compras a negociar precios con proveedores para cumplir con las exigencias dietéticas de la diversa población penitenciaria, que incluye desde diabéticos hasta aquellos con restricciones religiosas. A pesar de las limitaciones, los menús deben responder a las necesidades nutricionales básicas y mantenerse lo más variados posible. Existen excepciones en fechas señaladas como Navidad, cuando el presupuesto para la comida se duplica. Además, los reclusos pueden acceder a productos adicionales mediante el economato, gastando hasta 100 euros semanales de su propio dinero.
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