En el entorno empresarial actual, garantizar la continuidad del servicio ante posibles fallos es crucial. Uno de los métodos más utilizados para asegurar que un sistema no colapse ante la falla de un disco es el uso de la tecnología RAID. No obstante, aunque este método es eficaz para mejorar la disponibilidad frente a fallos físicos de disco, existen malentendidos sobre su verdadero alcance en términos de protección de datos.
RAID, que significa Redundant Array of Independent Disks, es una técnica que combina varios discos en un volumen lógico para ofrecer redundancia y, en algunos casos, mejor rendimiento. Este sistema es sumamente efectivo en proporcionar tolerancia a fallos de disco, mejorar el rendimiento, especialmente en lecturas, y reducir el tiempo de indisponibilidad ante fallos puntuales. Sin embargo, no hay que sobrevalorar sus capacidades: RAID no protege los datos frente a incidentes como borrados accidentales, ataques de ransomware o desastres naturales.
Entre los niveles más comunes de RAID, el RAID 0 proporciona un gran rendimiento de datos sin redundancia, lo que implica un riesgo total ante la falla de un disco. RAID 1 ofrece un duplicado de datos en dos discos, adecuado para volúmenes de sistema, aunque no protege contra ataques o corrupciones. RAID 5, con paridad distribuida, es popular por su equilibrio entre capacidad y tolerancia, pero la reconstrucción en discos grandes puede ser un punto débil. Por otro lado, RAID 6 permite la caída de dos discos, incrementando la resiliencia, a costa de una mayor penalización en la escritura. RAID 10 es un híbrido de espejado y striping, ideal para bases de datos y entornos de virtualización con altas demandas de IOPS.
Una cuestión crítica que a menudo se pasa por alto es el proceso de reconstrucción luego del fallo de un disco. Durante el periodo de reconstrucción, el sistema opera en un estado degradado, exponiéndose a riesgos significativos, especialmente si ocurre un segundo fallo o un sector resulta irrecuperable.
Elegir el RAID adecuado no debe basarse en cuál es el mejor per se, sino en cuál se ajusta mejor al tamaño del disco, la criticidad del servicio y los parámetros de tiempo de recuperación de objetivos (RTO/RPO).
En las infraestructuras empresariales, el desempeño de RAID está influenciado por las características de la controladora RAID, el uso del HBA con software, o al formar parte de un sistema de almacenamiento más amplio como cabinas NAS o SAN. La falibilidad de la controladora significa que un fallo en ella podría convertir un sistema RAID en una fuente de incidentes, de ahí la importancia de contar con fijaciones de firmware estables y planes de sustitución claros.
La lección clave que las empresas debieran grabar es que el RAID no sustituye a una política de respaldo sólida. Una estrategia adecuada implicará el uso de RAID para mantener la disponibilidad, pero combinada con otras medidas como los snapshots, backups con retención y pruebas, y opciones de recuperación ante desastres. La política de «tres-uno» de copias de seguridad, que implica tener múltiples copias en distintos formatos y al menos una inmutable o fuera del sitio, es esencial.
La conclusión es clara: RAID es un pilar importante en la infraestructura empresarial para la disponibilidad, pero no es un sustituto para un sistema de copias de seguridad robusto, que es la verdadera garantía contra la pérdida de datos.







