La intensificación de las políticas proteccionistas lideradas por Trump ha generado una alerta arancelaria que pone en jaque a los sectores exportadores de España más vulnerables, aunque su impacto macroeconómico sea limitado, dado que las exportaciones a EE. UU. representan menos del 5% del total. Sectores como las semi-manufacturas podrían resistir mejor, dadas sus funciones complementarias en la economía estadounidense, mientras áreas como la agroindustria enfrentan retos directos. No obstante, el mayor riesgo se plantea en el ámbito de la inversión, crucial para el ciclo expansivo español, ya que la incertidumbre podría frenar nuevas operaciones empresariales desde EE. UU. La cautela se extiende también a las empresas españolas en territorio norteamericano. A nivel estratégico, Europa podría ganar ventaja ofreciendo estabilidad normativa, mientras Alemania, clave en esta dinámica, afronta el riesgo de recesión industrial bajo posibles aranceles, teniendo a su disposición medidas fiscales para contrarrestarlo. En resumen, la situación exige un impulso interno de la economía europea, anticipando que el proteccionismo termine obstaculizando a EE. UU. a largo plazo.
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