El desafío actual radica en reparar la relación transatlántica, lo cual requiere una Europa fortalecida frente a las sombras persistentes de la globalización. Aunque estas dinámicas no son nuevas, su complejidad se ha intensificado, demandando un enfoque renovado y colaborativo entre los aliados históricos. La revitalización de este vínculo implica no solo confrontar los retos económicos y políticos derivados del avance global, sino también cimentar una alianza más sólida frente a las turbulencias internacionales.
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