Las puertas holandesas, una innovación del siglo XVII, podrían ofrecer una solución efectiva para combatir el calor sin necesidad de ventiladores o aires acondicionados. Originalmente diseñadas en el ámbito rural para permitir la ventilación y la entrada de luz manteniendo a los animales fuera, estas puertas están divididas horizontalmente, posibilitando que la parte superior se abra mientras la inferior permanece cerrada. Este diseño permite que el aire caliente, que naturalmente asciende, se escape, mejorando la ventilación y reduciendo la sensación de calor en el interior de los hogares. La eficacia de esta técnica se incrementa al crear ventilación cruzada mediante la apertura de una ventana o puerta en una posición opuesta, optimizando la circulación de aire fresco. Las puertas holandesas, respaldadas por principios básicos de la física de fluidos, ofrecen una alternativa económica para refrescar los espacios durante las horas menos calurosas del día, mejorando notablemente la sensación térmica sin incurrir en costos adicionales.
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