China, conocida por su exitoso programa de reforestación masiva conocido como la «Gran Muralla Verde», ha plantado alrededor de 78.000 millones de árboles desde finales de los años setenta para combatir la desertificación y el cambio climático. Si bien el aumento de la cobertura forestal ha sido impresionante y ha reducido significativamente la erosión del suelo, un estudio reciente advierte sobre un inesperado impacto negativo: un cambio profundo en el ciclo del agua. La evapotranspiración, el proceso mediante el cual los árboles absorben agua del suelo y la liberan a la atmósfera, ha llevado a una disminución significativa de la disponibilidad de agua en aproximadamente el 74% del territorio chino, afectando especialmente a las regiones agrícolas del norte y el este del país. Este fenómeno destaca la necesidad de una planificación hidrológica adecuada en proyectos de reforestación a gran escala, un desafío que también enfrenta la Unión Europea con su Ley de Restauración de la Naturaleza.
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