Hace dos años se conmemora la muerte de un conocido disidente ruso en un campo de trabajos forzados ubicado en el Ártico. Este trágico suceso ha resonado a nivel internacional, destacando las difíciles condiciones y las violaciones a los derechos humanos en estos campos. El fallecido, un crítico acérrimo del gobierno ruso, se convirtió en símbolo de resistencia y sacrificio, atrayendo la atención global sobre la represión de voces opositoras en Rusia. Su muerte ha provocado numerosas condenas y llamados a la acción por parte de organizaciones de derechos humanos y gobiernos de todo el mundo, que insisten en la necesidad de investigar y mejorar las condiciones de los prisioneros en la región.
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