En España, la reaparición de castores en el río Tajo ha generado expectativas positivas, inspiradas por el exitoso precedente en Arizona, Estados Unidos. En el río San Pedro del desierto de Sonora, donde los castores se extinguieron en la década de 1920, su reintroducción entre 1999 y 2002 revitalizó el ecosistema. Los castores, mediante la construcción de presas, han transformado el paisaje, mejorando la retención de agua, reduciendo la erosión, y creando hábitats propicios para la biodiversidad. Sus actividades han resultado en un aumento significativo de las poblaciones de aves e insectos, mientras que demostraron resiliencia al reconstruir presas destruidas por inundaciones en 2008. La experiencia destaca su papel como herramienta eficaz y económica para restaurar ecosistemas ribereños y fomentar la diversidad biológica.
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