En un amanecer que parecía noche, Teherán enfrentó una oscuridad inusitada causada por espesas nubes de humo tras bombardeos israelíes que afectaron depósitos petroleros en la capital y la provincia de Alborz. La lluvia, con un característico tinte negruzco y químico, contribuyó a un ambiente apocalíptico en una ciudad que aún lamenta la muerte del líder Alí Jameneí. Producto del ataque, coches y camiones ardieron en las calles mientras los residentes, temerosos, se recluían en sus hogares. Ante la escasez, las autoridades racionaron el combustible. El objetivo de Israel y EE.UU. parece ser la destrucción de la infraestructura iraní, tras previos ataques a objetivos militares y civiles. La Organización de Protección Ambiental de Irán instó al uso de mascarillas debido a la toxicidad presente. Aunque la ciudad intentó retomar actividad tras un cierre forzado, la normalidad parece aún distante.
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