La Guardia Revolucionaria Islámica y la milicia Basij llevan a cabo una violenta represión en Irán para sofocar las protestas contra el régimen de los ayatolás, resultando en más de 500 muertos y miles de detenidos según organizaciones de derechos humanos. Las fuerzas de seguridad han disparado munición real y gases lacrimógenos contra manifestantes en ciudades clave, mientras que incursiones en universidades buscan silenciar los reclamos de libertad. La respuesta violenta a la desobediencia civil en Teherán, con bloqueos de carreteras y cierres de mercados, coincide con una estrategia de terror que incluye apagones informáticos y acusaciones severas contra los manifestantes. La crisis económica ha sido el catalizador del movimiento que enfrenta una represión justificada por el régimen como defensa de la «seguridad nacional». La comunidad internacional, preocupada, considera sanciones mientras que la población continúa desafiando al gobierno a pesar de los riesgos letales.
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