En ciertas regiones del Ártico, se observa una notable resistencia al cambio que no tiene equivalente en otras áreas de la misma región. Este fenómeno se debe a la conjugación de varios factores: la disponibilidad de presas en espacios geográficos más confinados, la introducción de nuevos alimentos y la implementación de medidas estrictas que prohíben la caza comercial de ciertas especies por parte de los seres humanos. Estos elementos combinados parecen favorecer un entorno donde la fauna local puede adaptarse y prosperar a pesar de las adversidades provocadas por las variaciones climáticas y ecológicas que afectan al resto del Ártico.
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