Este lunes se celebra el Día Mundial de la Tuberculosis, una fecha que subraya la necesidad urgente de invertir en la lucha contra esta enfermedad que, a día de hoy, sigue siendo la más letal de las infecciosas a nivel global. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha aprovechado esta ocasión para llamar la atención sobre los recortes drásticos en la financiación de la salud mundial, alertando de que estos podrían revertir los avances logrados desde el año 2000, cuando los esfuerzos globales comenzaron a salvar vidas a gran escala. Más de 79 millones de personas se han beneficiado de estas iniciativas.
Este año, bajo el lema «¡Sí! Podemos Acabar con la Tuberculosis: Comprometernos, Invertir, Cumplir», la OMS instó a los líderes mundiales a cumplir con los compromisos asumidos en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, enfatizó la vulnerabilidad de los logros alcanzados en las últimas dos décadas frente a la reducción de la financiación, una situación que ya está empezando a afectar la accesibilidad a los servicios de prevención, detección y tratamiento de la enfermedad.
En el contexto actual, la tuberculosis sigue cobrándose más de un millón de vidas al año, afectando de manera devastadora a las familias y comunidades a nivel global. Un informe conjunto del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) y la OMS en Europa revela que ha habido un preocupante incremento del 10% en los casos de tuberculosis infantil en Europa y Asia central. Este aumento destaca la urgente necesidad de implementar medidas de salud pública que controlen y reduzcan esta crisis.
Después de experimentar una caída en el diagnóstico y tratamiento de la tuberculosis debido a la pandemia de COVID-19 en 2020, ha habido un resurgimiento en 2023. Europa y Asia central han reportado más de 172,000 casos, con un incremento notable en la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo. Sin embargo, la respuesta global ya se encontraba en déficit antes de que se anunciaran los recientes recortes en la ayuda internacional, lo que podría obstaculizar gravemente los programas esenciales en muchas regiones, especialmente fuera de la UE.
Otro desafío persistente es la coinfección por VIH, que afecta gravemente a los pacientes con tuberculosis. En 2023, más del 15% de estos pacientes también sufrieron de coinfección por VIH, sin recibir tratamiento antirretroviral, lo que agrava la situación. Los expertos subrayan la necesidad de proporcionar una atención integral que reduzca la transmisión del VIH y mejore los resultados para los pacientes.
Para enfrentar estos retos, se ha hecho un llamado unánime para intensificar los esfuerzos en diagnóstico y tratamiento, así como para aumentar el acceso a nuevos regímenes terapéuticos efectivos. La lucha contra la tuberculosis exige una respuesta global coordinada y el establecimiento de nuevas alianzas que permitan vislumbrar un futuro libre de esta enfermedad.