En el epicentro de una polémica que ha sacudido a Hungría, el indulto a un convicto por pederastia en un orfanato de Bicske, asociado al partido gobernante Fidesz, ha desencadenado una crisis política sin precedentes. La dimisión de la presidenta Katalin Novák ha desatado protestas que han minado la imagen del primer ministro Viktor Orbán y el Fidesz, detonado por un escándalo que expone la hipocresía en sus valores fundacionales. Péter Magyar, exesposo de la ministra de Justicia y empresario vinculado al partido, ha emergido como una figura política alternativa, desafiando un sistema percibido como corrupto y autoritario, donde el poder es sostenido por una red de temores e influencias. Mientras, el control mediático del gobierno se intensifica con restricciones como la prohibición de entrada a periodistas en territorio sensible, incrementando la sensación de un régimen que dista cada vez más de sus pares europeos, según críticos locales.
Leer noticia completa de Internacional en El Independiente.




