Un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts revela que los satélites geoestacionarios pasan por alto el 80% de las estelas de condensación de los aviones, esenciales para medir el impacto climático de la aviación. Estas estelas, que representan aproximadamente la mitad del efecto climático del sector, son difíciles de observar con precisión, ya que los satélites geoestacionarios, a 36.000 kilómetros de distancia, solo capturan estelas grandes y dispersas, mientras que los satélites de órbita baja ofrecen más detalle de las formaciones recientes. Estas nubes de hielo, al retener el calor de la superficie terrestre, son responsables de entre el 1% y el 2% del calentamiento global. El estudio aboga por combinar diferentes tecnologías de observación para mejorar la detección y gestión de estelas, sugiriendo que evitar rutas que las propicien podría ser una medida eficaz y económica para mitigar el impacto climático del transporte aéreo. Sin embargo, es crucial disponer de herramientas precisas de predicción y verificación antes de implementar estas prácticas.
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