Revolución del Dato: La Emergencia del Modelo Behind-the-Meter en la Era de la IA

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Carrier Encabeza el Dialogo sobre IA y Refrigeracion Eficiente en

La expansión de los centros de datos, fundamentales en la era digital y especialmente en el auge de la inteligencia artificial, ha experimentado una transformación significativa en Estados Unidos, una que reescribe las normas previas del sector energético. El trámite, alguna vez previsible, de conectarse a la red eléctrica tradicional, ahora se enfrenta a un embotellamiento enorme, impulsando a muchos promotores a buscar una alternativa, a menudo más rápida: la generación propia «detrás del contador» (BTM, por sus siglas en inglés) y operar semiclandestinos como «off-grid». Esta estrategia energética permite que los centros de datos sorteen las largas esperas de interconexión y los intrincados procesos burocráticos con la construcción de su propia infraestructura de generación in situ.

La proliferación del modelo BTM no es casualidad. Desde 2025, se han anunciado 48 GW dedicados a proyectos BTM, lo que representa un 33% de la nueva capacidad planificada antes del fin de 2024. Antes de esto, esta categoría apenas sumaba 2 GW. La rapidez se ha convertido en un factor crucial en una industria donde la IA está modificando no solo la escala del desafío sino también su urgencia temporal. El aumento explosivo en la demanda eléctrica y la lentitud de la red para adaptarse han hecho del BTM no una opción, sino una necesidad estratégica.

Sorprendentemente, en esta prisa por acelerar la capacidad operativa, la opción más viable ha sido el gas natural. Este combustible fósil cubre aproximadamente el 72% de los proyectos BTM, no tanto por cuestiones ambientales, sino por su capacidad para proporcionar continuidad y flexibilidad instantánea, características esenciales para las operaciones 24/7 de los centros de datos. Sin embargo, esta dependencia plantea dilemas ambientales y reputacionales que las empresas no pueden pasar por alto.

Un ejemplo destacado de esta transición es Homer City, en Pennsylvania, donde una antigua central de carbón será transformada para abastecer un gran campus de centros de datos con una planta de gas natural de 4,5 GW, con una inversión colosal de 10.000 millones de dólares y obras previstas para 2025. La conversión de infraestructuras obsoletas en nodos tecnológicos modernos ilustra la rapidez con la que estas operaciones pueden adaptarse, pero también aviva un debate sobre la sostenibilidad y el impacto local.

Esta tendencia no se limita a Pennsylvania. En Texas, se están promoviendo microredes de gas para alimentar nuevos complejos de IA, visto como una solución para evitar demoras en la conexión con la red principal. Tal normalización de centros de datos con generación autónoma sugiere un cambio de paradigma en el diseño y establecimiento de estas infraestructuras.

Mientras tanto, el panorama regulatorio y de planificación enfrenta desafíos significativos, incluyendo cómo gestionar y regular estas operaciones independientes. Las preguntas surgen: ¿cómo contabilizar las emisiones de carbono si el consumo no se distribuye en la red convencional? ¿Qué sucede si las microredes desean vender los excedentes producidos? Estas incógnitas auguran un entramado legal complejo e inexplorado.

La solución parece bifurcarse en dos caminos que deben abordarse simultáneamente: abaratar el almacenamiento energético y modernizar la infraestructura de la red. Sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS) podrían facilitar una dependencia mayor de las renovables si se optimizan correctamente. No obstante, la funcionalidad de la red necesita urgentemente reformas estructurales para mantenerse al ritmo del ciclo de crecimiento tecnológico y evitar un panorama energético fragmentado y dependiente del gas como único recurso viable.

La interrogante no es si habrá más centros de datos, sino de qué tipo serán las estructuras energéticas que los rodearán. La encrucijada ante los planificadores y reguladores es clara: crear un sistema cohesionado, planificado y sostenible, o seguir una senda hacia un mosaico de micro-redes donde la rapidez prevalezca sobre la sostenibilidad fulminando la dependencia del gas como atajo inevitable. Esta situación invita a una reflexión profunda sobre el futuro energético en un mundo cada vez más digitalizado.

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