La contaminación invisible, compuesta por partículas ultrafinas y compuestos como pesticidas y microplásticos, es un desafío ambiental significativo al no ser perceptible a simple vista, pero afecta el aire, agua y alimentos. Investigadores del Instituto de Microelectrónica de Barcelona del CSIC han desarrollado un innovador sensor polímero que se curva y cambia de color ante la presencia de ciertos contaminantes, facilitando el control de la calidad del aire y potencial aplicación en diagnósticos médicos y seguridad industrial. Este sensor es especialmente efectivo para detectar compuestos orgánicos volátiles (COV), cuya exposición prolongada implica riesgos para salud, como irritaciones y un mayor riesgo de cáncer. A diferencia de dispositivos actuales, este sensor es pequeño, económico y operativo sin necesidad de electrónica compleja, simplificando la identificación y discriminación de COV mediante la interacción diferencial de sus materiales constituyentes. Los próximos pasos incluyen integrar inteligencia artificial en el sistema y expandir su capacidad de detección, incluso en la respiración humana, lo que podría revolucionar diagnósticos médicos tempranos.
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