Rusia lleva combatiendo en Ucrania 1.418 días, igualando el tiempo que su ejército luchó en la Segunda Guerra Mundial. Lo que comenzó como una operación militar especial se ha transformado en una guerra de desgaste con altos costos y un desenlace incierto. A pesar de grandes pérdidas humanas y financieras, el Kremlin insiste en la legitimidad de su causa, respaldada por el presidente Putin y el Patriarca Kiril, quienes han calificado la guerra como «santa». Mientras tanto, las fuerzas rusas han logrado avances mínimos en comparación con las expectativas iniciales, enfrentando una feroz resistencia ucraniana y condenas internacionales.
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