La ciudad ucraniana de Guliaipole, en la región de Zaporiyia, se ha convertido en un epicentro clave de los combates actuales entre las fuerzas ucranianas y rusas, un reflejo de la extrema tensión en el sur del país. Mientras los rusos intentan abrirse paso en este estratégico nudo logístico, las tropas ucranianas se esfuerzan por frenar su avance, pese a las difíciles condiciones invernales. Según informes del Estado Mayor de Ucrania, se han registrado 275 enfrentamientos en 24 horas, en un contexto donde las fuerzas rusas utilizan tácticas de asalto respaldadas por drones y aviación. En este marco, analistas como Oleksandr Kovalenko destacan que aunque los rusos buscan consolidar su control a través de ataques desde múltiples frentes, los ucranianos han logrado ralentizar su progreso en algunas áreas clave. Sin embargo, el conflicto refleja una guerra de desgaste prolongada, donde ambos bandos enfrentan limitaciones logísticas y humanas, con Rusia enfocada en consolidar su presencia territorial a pesar de las bajas y Ucrania defendiendo con ahínco sus posiciones estratégicas en medio de un frente dinámico y volátil.
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