En un reciente foro internacional, Sam Altman, CEO de OpenAI, defendió la cantidad de energía y agua utilizadas en la creación de modelos de inteligencia artificial como ChatGPT, comparando dicho consumo con el de educar a un ser humano durante 20 años. Altman subrayó que tanto los sistemas inteligentes biológicos como los artificiales requieren recursos considerables para desarrollarse. Esta comparación ha generado controversia, avivando el debate sobre el impacto ambiental y energético de la IA, especialmente en un contexto donde estas tecnologías demandan grandes infraestructuras de computación. Altman abogó por evaluar los beneficios potenciales de estas tecnologías en lugar de centrarse únicamente en el consumo energético por interacción. Además, señaló que algunas empresas podrían estar utilizando la IA como pretexto para justificar recortes de personal, reflejando las tensiones actuales que enfrenta el sector tecnológico mientras la inteligencia artificial se integra cada vez más en diversos ámbitos sociales y económicos.
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