Corea del Sur está avanzando rápidamente en su ambicioso proyecto para consolidarse como líder en el sector de semiconductores y la economía de la Inteligencia Artificial. El Yongin Advanced System Semiconductor National Industrial Complex, impulsado por Samsung Electronics y la Korea Land and Housing Corporation (LH), ha dado pasos significativos hacia su materialización con la reciente firma de un acuerdo de compraventa de suelo. Este logro desbloquea la siguiente fase del proyecto e inicia las negociaciones de compensaciones con los propietarios de terrenos y activos dentro del área planificada.
Ubicado en la provincia de Gyeonggi, el complejo de Yongin se concibe como la piedra angular del «mega-cluster» de semiconductores de Corea del Sur. Con una superficie prevista de más de 7,7 millones de metros cuadrados, el sitio albergará seis fábricas de semiconductores lógicos además de varias instalaciones de apoyo. La expectativa es que atraiga a decenas de empresas dedicadas a materiales, componentes, equipamiento y diseño, junto con centros de investigación, ampliando el ecosistema industrial de la región.
El gobierno surcoreano apoya este colosal proyecto con una estrategia de inversión que alcanza los 622 billones de wones, contemplando no solo la capacidad de fabricación, sino también la resiliencia y la velocidad de respuesta requerida por la industria de la IA. Estas instalaciones, que funcionarán bajo un marco de cadena de suministro “en tiempo de guerra”, están destinadas a satisfacer la creciente demanda de chips avanzados, donde tener la capacidad de producción cerca del desarrollo es crucial.
Las proyecciones de desarrollo del proyecto fijan el inicio de las obras para 2026 con el objetivo de que la primera instalación esté operativa para final de 2030. Actualmente, se están agilizando los procesos de compensación de terrenos y planificación para acortar los tiempos tradicionales requeridos en proyectos de esta envergadura. Sin embargo, como en cualquier mega proyecto, no todo es liso: surgen retos relacionados con el suministro de energía y recursos, y la infraestructura necesaria, como electricidad estable y agua ultrapura.
Mientras Corea del Sur marcha con decisión hacia la consolidación de su infraestructura para la producción de semiconductores, el impacto de Yongin también resuena a nivel global. En un entorno donde reindustrializar es la consigna, iniciativas como esta refuerzan las cadenas de suministro internacionales y aseguran que las necesidades futuras puedan ser satisfechas sin depender de terceros. Este proyecto envía un mensaje claro al mundo: Corea está decidida a fortalecer su soberanía industrial y su poder de negociación en el mercado global de los chips.








