El negocio de fundición de Samsung enfrentó un desafío inesperado al cierre de 2025, cuando una parte significativa de la demanda esperada desde China se desvaneció antes de llegar a la producción. Este giro preocupante para la división, que se encarga de fabricar chips para terceros, se produjo justo en un momento crítico en el que los proyectos estaban listos para entrar en la fase de industrialización. La situación fue agravada por la incertidumbre regulatoria que caracteriza el entorno geopolítico actual.
La presión internacional, especialmente de Estados Unidos, sobre el ecosistema tecnológico chino, ha transformado la planificación de chips en un proceso riesgoso. Las restricciones a la exportación y las limitaciones en el acceso a tecnologías críticas han sembrado dudas en un sector en el que la confianza es clave. Los proyectos que avanzaban hacia la producción se vieron afectados, y algunos clientes chinos decidieron abandonar sus planes en un momento crucial para Samsung.
El impacto en Samsung Foundry va más allá de la pérdida de contratos específicos. La industria de semiconductores depende de la utilización óptima de las fábricas, y cuando un proyecto es cancelado cerca de su producción, llenar esos vacíos se convierte en un desafío. Esta situación es especialmente problemática cuando la empresa busca reducir distancias con competidores como TSMC y necesita maximizar cada recurso disponible.
El contexto empeoró en 2025 debido al endurecimiento de los controles de exportación, que afectaron no solo a los clientes, sino también a los proveedores. Las empresas han optado por retrasar decisiones y reconsiderar sus alianzas tecnológicas debido al entorno volátil. Aunque, a finales de año, Samsung y SK hynix recibieron un alivio temporal en forma de licencias anuales para operar en China, el mercado sigue percibiendo un clima de provisionalidad que dificulta la toma de decisiones a largo plazo.
En medio de estos desafíos, Samsung trata de equilibrar su negocio apostando por fortalecer sus capacidades en nodos maduros, que son utilizados en sectores como la automoción y la electrónica de consumo, al tiempo que busca consolidarse en nodos avanzados. Un destacado acuerdo de fabricación firmado en 2025 por 16.500 millones de dólares indica que, a pesar de todo, Samsung continúa atrayendo importantes volúmenes de trabajo.
Mientras tanto, la demanda en el sector de la inteligencia artificial (IA) crece y redefine las prioridades de producción. Las empresas no solo buscan chips rápidos, sino un ciclo completo de producción fiable y disponible, desde el empaquetado hasta la interconexión.
Se espera que la situación mejore hacia finales de 2026, cuando un panorama regulatorio más estable y la reactivación de proyectos congelados podrían proporcionar mayor visibilidad y continuidad operativa a Samsung. Sin embargo, la industria debe adaptarse a una nueva realidad en la que el riesgo geopolítico tiene un peso significativo.
En última instancia, el éxito de Samsung Foundry dependerá de su capacidad para no solo captar clientes, sino también de generar confianza en su habilidad para ejecutar en un entorno cada vez más incierto. La lección de 2025 es clara: en el mundo de los semiconductores, la certeza y la confiabilidad son tan valiosas como el propio silicio.






