Sanae Takaichi destaca en el panorama político japonés, convirtiéndose en la primera mujer en liderar el gobierno del país, tras obtener una contundente «supermayoría» en las elecciones legislativas con el Partido Liberal Democrático (PLD). Reconocida por su carisma, admiración hacia Margaret Thatcher y su proximidad a Shinzo Abe, Takaichi enfrenta el desafío de dirigir un Japón en declive económico y social. Su manejo audaz en política exterior, especialmente frente a China, y su postura restrictiva sobre la inmigración han galvanizado a sus seguidores nacionalistas, a pesar de las preocupaciones internas sobre el envejecimiento poblacional y un yen debilitado. Además, su enfoque económico, que incluye la suspensión temporal de impuestos y un aumento del gasto público, genera escepticismo en los mercados financieros debido a la elevada deuda nacional. A pesar de estos desafíos, Takaichi podría aprovechar su mayoría para impulsar una revisión constitucional significativa.
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