El auge de las tecnologías de inteligencia artificial (IA) ha despertado preocupaciones sobre su potencial uso indebido, especialmente en manos de poderosos empresarios tecnológicos, a quienes algunos críticos califican como «tecnooligarcas». Figuras prominentes como Elon Musk son vistas con recelo, ya que su influencia sobre estas herramientas tecnológicas podría suponer riesgos para la privacidad y la democracia, fomentando un uso de la IA que podría ser perjudicial para la sociedad. Esta inquietud ha llevado a la discusión sobre la necesidad de establecer un marco regulatorio que supervise y controle el uso de las redes sociales y las tecnologías emergentes para evitar que una concentración de poder desmedida por parte de unos pocos tenga consecuencias negativas masivas.
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