En la reciente cumbre de la OTAN en Ankara, el escenario fue tanto un espectáculo geopolítico como una declaración de poder visual. Donald Trump, al centro del «retrato de familia», simboliza la jerarquía política y el control implícito en estos eventos. A su lado, figuras como Mark Rutte y Recep Tayyip Erdogan acompañan su presencia dominante con sonrisas tensas. Sin embargo, es Edi Rama, el primer ministro de Albania, quien roba miradas con sus zapatillas deportivas, desafiando el protocolo establecido. La presencia femenina es mínima, destacando la desigualdad de género en este foro. Mientras tanto, Pedro Sánchez, relegado al «rincón de pensar» de la imagen oficial, representa la tensión diplomática, exacerbada por las críticas de Trump sobre la contribución de España a la OTAN. Esta puesta en escena es un reflejo de las dinámicas de poder y las luchas internas dentro de la Alianza Atlántica.
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