El presidente del Gobierno no fue invitado a una cumbre paralela organizada por Alemania, Italia y Bélgica, un hecho que generó reacciones diplomáticas. Sin embargo, el mandatario español decidió expresar su malestar únicamente a la primera ministra italiana, quien es identificada como una figura destacada de la ultraderecha europea. Esta cumbre, que se realizó al margen de la cita oficial, ha sido interpretada como un gesto político que refleja las tensiones y alineamientos actuales en la región, destacando la complejidad de las relaciones internacionales dentro de la Unión Europea.
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