La situación política en Europa ha mostrado fragilidad ante Vladimir Putin, ya que diversos líderes y partidos han aprovechado la crisis con Rusia para avanzar agendas internas en sus respectivos países. Estas tácticas han dificultado lograr posiciones unificadas y efectivas en la Unión Europea, debilitando la cohesión y la capacidad de respuesta de la región frente a los desafíos planteados por el Kremlin. Como resultado, Europa se encuentra en una posición delicada, dividida por intereses particulares que socavan una acción colectiva frente a uno de los escenarios geopolíticos más complejos del continente.
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