En el 2025, Claudia Sheinbaum emergió como la figura central de la política mexicana, eclipsando el legado de Andrés Manuel López Obrador tras su partida. A pesar de la erosión acelerada de Morena, Sheinbaum logró destacar por su capacidad de liderar con «cabeza fría», manejando situaciones complejas como su relación con Trump, la reforma judicial y otras crisis internas. Sin pretenderlo, su postura contrastó con los problemas de corrupción y arrogancia dentro de su partido, revelando fallas estructurales en un movimiento que creció más rápido que sus mecanismos de control. La oposición, debilitada, no representó una amenaza considerable, mientras Sheinbaum, sin esforzarse excesivamente, distanció su imagen de los escándalos de sus compañeros de partido. Este año decisivo subrayó su habilidad política y capacidad para navegar un entorno complejo, resaltando su inteligencia táctica mientras enfrenta el creciente desafío del tiempo limitado para implementar cambios sustanciales. Adiós al año Sheinbaum, y la confirmación de su relevancia en el escenario nacional.
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