La enfermería ha avanzado significativamente en términos de formación y especialización, pero la creciente presión para que asuma funciones médicas merece una reflexión profunda por parte de profesionales de ambas disciplinas: la enfermería y la medicina. Recientemente, se han difundido en diversos medios resultados de un estudio que sugiere que “las enfermeras pueden sustituir a los médicos” en el ámbito hospitalario sin que esto incremente el riesgo para los pacientes. Este tipo de afirmaciones, que se sustentan en una “revisión Cochrane”, requieren un análisis crítico, ya que presentan una visión simplificada de la realidad.
Las revisiones Cochrane son herramientas valiosas que analizan múltiples estudios para extraer conclusiones más robustas. Sin embargo, el proceso puede desdibujar información esencial, llevando a afirmaciones que requieren un mayor escrutinio. En este caso, el mensaje de que la atención proporcionada por enfermeras es similar e incluso puede ser superior a la de los médicos plantea serias interrogantes. Los propios autores del estudio admiten que su confianza en la evidencia es solo “moderada”, un indicio de que las conclusiones no son tan contundentes como se podrían interpretar.
Al observar los estudios incluidos en la revisión, se nota que muchos corresponden a prácticas que efectivamente pueden ser gestionadas por enfermería, como el seguimiento de pacientes con patologías específicas o la aplicación de ciertos tratamientos bajo directrices médicas. No obstante, también se incluyen estudios sobre tareas más complejas que, a pesar de su relevancia, siempre se llevan a cabo bajo supervisión médica. Esto implica que, en esos contextos, la enfermería no actúa de manera independiente ni sustituye las funciones del médico, sino que contribuye dentro de un marco colaborativo.
Sin embargo, el clamor por reemplazar médicos con personal de enfermería se intensifica, especialmente en un contexto donde se observa una escasez de médicos y largas listas de espera. Tal demanda, señalada en la revisión analizada, no responde necesariamente a una mejora en la atención al paciente, sino que puede estar impulsada por intereses económicos y una mala gestión de recursos. Este enfoque no solo puede comprometer la calidad del servicio de salud, sino que también menoscaba el futuro profesional tanto de enfermeros como de médicos.
La noción de “racionalizar el uso de los recursos” es alarmante, sobre todo para quienes trabajan en la atención directa al paciente. Si seguimos una lógica que acomoda funciones basadas en consideraciones económicas frías, en lugar de centrarse en la atención de calidad, corremos el riesgo de desdibujar las responsabilidades y capacidades de cada profesión sanitaria. Este tipo de decisiones podría abrir la puerta para que, en un futuro, otros profesionales como técnicos de enfermería asuman funciones que no les competen, lo que pondría aún más en peligro la atención médica.
Es fundamental que tanto enfermeros como médicos se unan para defender la integridad de sus respectivas profesiones y la calidad del servicio sanitario. Mientras la enfermería continúe formándose y evolucionando, la colaboración y el respeto entre disciplinas se vuelven más esenciales que nunca. Solo a través de un enfoque en equipo, donde se reconozcan las competencias y límites de cada profesión, podremos garantizar una atención sanitaria de calidad y un futuro seguro para nuestras profesiones.
Fuente: Sindicato Médico Andaluz.








