Las albóndigas, un plato cargado de recuerdos familiares, requieren de atención a los detalles para lograr una textura jugosa y un sabor intenso. Un error común en su preparación es el uso del pan rallado, que puede secar la mezcla al actuar como esponja, absorbiendo los líquidos. Una alternativa más efectiva es emplear pan del día anterior remojado en leche o agua, que mantiene la humedad sin apelmazar la masa. Para potenciar el sabor y mantener la jugosidad, se recomienda sellar las albóndigas en una sartén caliente antes de cocinarlas completamente, sazonándolas con ingredientes frescos y naturales, como sal, pimienta y una pizca de nuez moscada. Estos consejos resaltan la tradición culinaria y elevan un platillo simple a una experiencia memorable.
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