La comisión de fiestas enfrentó un grave desajuste económico tras vender más papeletas de lotería que los décimos consignados y premiados, lo que resultó en un déficit de cuatro millones de euros. Después de intensas negociaciones, los ganadores del sorteo acordaron renunciar a una parte de sus premios, mientras que los organizadores del evento también decidieron ceder el suyo para solucionar el problema financiero generado por el exceso de ventas.
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