En Japón, la primera ministra Sanae Takaichi, la primera mujer en ocupar el cargo, ha movilizado multitudes en su mitin de cierre de campaña electoral, destacando su mensaje de seguridad y fortalecimiento económico nacional. A pesar de su discurso moderado, sus promesas de defensa, autosuficiencia y desarrollo tecnológico han resonado, especialmente ante las tensiones migratorias y el envejecimiento poblacional del país. Apoyada por el presidente estadounidense Donald Trump y con una imagen que evoca a Margaret Thatcher, Takaichi parece haber frenado la fuga de votos hacia partidos populistas de derecha. En un contexto de crecientes tensiones migratorias, su postura dura resulta atractiva para ciertos sectores, mientras que sus detractores temen un giro peligrosamente conservador en la política japonesa. Con las encuestas a su favor, se espera que su partido, el Liberal Democrático, amplíe su control en la Dieta, mientras que la oposición, debilitada, lucha por ofrecer una alternativa viable. Los problemas demográficos y económicos persisten, y aunque la campaña ha sido breve, estas elecciones podrían configurar el futuro inmediato de Japón.
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